PALABRAS

PODREMOS ESTAR DE ACUERDO O NO, NO IMPORTA, LO REALMENTE SIGNIFICATIVO ES QUE NOS PODAMOS DAR UNA MANO Y QUE ALGO DE LO QUE ESCRIBA AQUI LE SIRVA A ALGUIEN.
PALABRAS QUE DESEO COMPARTIR CON QUIENES DESEEN LEER.

Marcela Lezana Bernárdez
Marcela Lezana Bernárdez | Crea tu insignia

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lunes, 22 de septiembre de 2008


QUERER , ADMIRAR (PAPÁ)

Podemos querer, admirar, a muchas personas; pero...
¿por qué elegimos “Escribir” a cerca de esta persona?
Por una sola razón, tan sencilla como complicada: nos hizo entrega de algo que nos hizo bien, que nos hace bien.
A mi padre lo descubrí no hace mucho. Tuvieron que pasar seis años desde su fallecimiento; luego de un largo y deteriorante padecimiento provocado por una serie de accidentes cerebro vasculares que lo fueron mellando en sus habilidades.
Durante toda su vida; la que registro en mi memoria; se comportó dentro de una línea que lo definió como “SEÑOR ante todos lo que lo trataban.
No hablaba demasiado, pero siempre tenía “algo” para decir en el momento justo; ya sea seriamente o en un intento de arrancar la risa en medio de un ambiente presumiblemente tenso o aburrido.
Era un ávido lector por naturaleza, sin embargo jamas alardeaba ante quien se mostraba como de formación mas precaria, porque respetaba a todos.
Sufrió mucho cuando partí a Bs As a estudiar abogacía, sin embargo siempre intentaba darme palabras de aliento e insuflarme valor. Lamentablemente no logró que no lo extrañara en demasía y terminara abandonando el intento; y ....esto, no puedo precisar en qué medida lo afectó, pero ambos estuvimos felices de volver a reencontrarnos en esta ciudad y en familia nuevamente.
Tenía el Don de hacerme reir mucho, y aunque no me diera cuenta, lo observaba; porque admiraba su forma de tomar los acontecimientos. Cuando se fue de este mundo tuve claro que querría parecerme a él en muchos y puntuales aspectos (adaptados a mi personalidad, pero esculpiéndolos conforme a aquellos lineamientos).
Entiéndase, no era mi héroe , ni lo es. No los tengo en realidad. Sólo se trata de observar e intentar aprender lo que mejor nos parece de alguien; o de muchos....o DE TODOS!!!.
Exhalaba esa serenidad que sólo es fruto de un largo camino de experiencias capitalizadas y de amasar convicciones. Desde luego, no era perfecto, pero creo que nadie aspiraba a que lo fuera , ya que lo que daba de sí provocaba felicidad....SUFICIENTE, NO?
Pero es su etapa final la que marcó los primeros pasos hacia mi metamorfosis; fue la etapa en la que empecé a “VER”.
El lento deterioro; del que ninguno en casa quería darse cuenta; llegó, se instaló e inició su cáustico derrotero.
Primero dificultad para caminar (por su lado derecho, que es el que había sido afectado); para comer; para escribir (aún así insistió con su hábito de hacer crucigramas incansablemente); luego el control de la orina (que le terminó adosando de manera permanente una sonda como parte de su anatomía). Y esto continuó , hasta postrarlo definitivamente....sin embargo jamás se quejó y su rostro siempre esgrimió una sonrisa entre pícara y bonachona.
El solo recordarlo confunde las sensaciones : de alegría (con una sonrisa) , y de tristeza (con una lágrima); pero por sobre todas las cosas EVOCA AL SENTIMIENTO DE ADMIRACIÓN.
Admiración porque supo ser él mismo; sencillo, humilde, respetuoso, responsable, capaz, honesto...HOMBRE.
Admiración por haber alcanzado una especie de sabiduría ya desconocida para estos tiempos; y sin embargo tan necesaria de rescatar, la SABIDURÍA DEL DESPOJO (cada vez necesitar menos para ser mas felíz).
Desearía poder admirar y querer a muchas mas personas por estas mismas cualidades, y creo que aunque sea una difícil empresa, no es imposible.
CUADRO; BRUJULA CHINA MARINA, EN CUARTERONES.







MAS DE MIS TRABAJOS EN ALUMINIO REPUJADO

domingo, 21 de septiembre de 2008


TAN SOLO "FELIZ PRIMAVERA "PARA TODOS, AUNQUE TODO EL AÑO Y TODA LA VIDA DEBERIA SER UN ESTADO INTERIOR PRIMAVERAL.
MARCELA

sábado, 20 de septiembre de 2008


QUIÉN HUBIERA DICHO

Había una vez... una joven que llevaba una vida de lo más “normal”. Familia clase media, bien constituida; con lazos bastante firmes; “de principios” podría decirse. Estudiaba profesorado en historia y tenía los proyectos de cualquier muchacha de su edad.
Quiso el destino que conociera un efebo con el que comenzaron a salir, compartiendo gloriosos momentos de complicidades que los llevó a ponerse de novios. Estando ya en su segundo año de estudios, decidieron unirse en matrimonio.
Pronto llegaron los niños; esos querubines que aterrizan con un pan bajo el brazo y un bagaje de alegrías para dar y demandas que atender. De tal guisa, el tiempo ya no alcanzaba para cumplir con todas las actividades; por lo tanto se imponía evaluar la situación, luego de lo cual, quien quedó excluida fue la Alta Casa de Estudios.
Felizmente se avocó a su familia; no sin dejar de leer cuanto texto llegaba a sus manos, prefiriendo los tratados de historia, por supuesto; y los de matemática y física.(siempre sus dilectas compañías)
Juventud, belleza; familia propia armadita como en los cuentos y muchas ilusiones; muchos proyectos que esperaban tan solo “el momento”. ¿Qué mas se podía pedir!?...Nada hacía prever que no se pudieran realizar. Pero...algo pasó.
La observo desde la oficina de la administración del sanatorio; está... bueno, es una forma de decir “está”, es su cuerpo el que se muestra, pero no puedo imaginar por dónde anda su mente y atención. Parece perdida en la columna de humo de su cigarrillo como en un laberinto del que no halla salida.(y quizás ni la busca)
Abstraída de todo aquello que se mueve a su alrededor, tamborilea sobre la mesa, sin pausa y sin ritmo, sus regordetes dedos; que en época no muy lejana fueron delicados y delgados, como de una figura de porcelana.
Cada vez que vuelve de sus viajes mentales, suele recordar: “-me veía muy bonita con los vestidos que me reglaba mi marido. Dice, con un dejo de melancolía disfrazada con una sonrisa de Gioconda; que nunca sabré si es sonrisa o es dolor camuflado:”- Roberto tiene muy buen gusto. Para el segundo aniversario de casados me había regalado un vestido rosa con flores violetas y azules que me quedaba hermoso, y a él le encantaba que me lo pusiera para ir a comer a aquel restaurante que nos vería reunidos a la misma mesa, como aferrados a un ritual”.
La miro y automáticamente se me cruza pensar que hoy sería imposible elegir algo así para ella, que luce una contextura desbordante de adiposidad; sin relacionarla a una mesa vestida.
Toma lo que queda del cigarrillo con indiferencia, sin advertir que la larga ceniza olvidada, ya cayó sobre la mesa a la que se encuentra sentada aguardando la llegada de sus visitas.
Regordete rostro de sonrosadas mejillas, apenas pincelada de rubor, y pequeños labios retocados con un lápiz labial al tono, maquillan su déficit de autoestima. Detrás de unos lentes de aumento considerable, se camuflan un par de grandes ojos verdes; océanos que conviven con el dolor; aunque sólo lo sepa por momentos; de los que calculadamente quiere fugar.
Me acerco y apoyo suavemente mi mano sobre su hombro, con cuidado de no sobresaltarla, en busca de alguna reacción; pero es en vano. Continúa abstraída casi catatónicamente, ensimismada, introvertida. Peregrina periférica de la realidad.
Sigo mirándola; no pudiendo evitar mi asombro, una vez mas, ante las enfermedades mentales y su monopólico poderío insondable.
Repentinamente asaltan mi memoria desesperadas palabras del marido, mechadas entre lágrimas; entregado a una dolorosa confesión atragantada: - “Luego de cumplir los 25 años, nuestras vidas emprendieron un trágico derrotero que no ha vuelto a ver la luz sino por breves instantes ya diluidos entre tanta oscuridad. Cómo puede una depresión destruir tan grotesca e infamemente!; traidora de ilusiones, carcome lentamente.
Reconozco que al principio no le dí importancia a esos signos que se daban aisladamente. Un día no tenía ganas de vestirse, ni de levantarse; luego dejó de arreglarse- ni el mas mínimo detalle. Nada parecía importarle. Las nenas la reclamaban, pero ella no acusaba recibo de nada. De repente volvió a estar bien, como si nada hubiera pasado. Ese fue el principio de una secuencia que en lo sucesivo nos tomaría por asalto sin tregua. Como si fuéramos los protagonistas de una mala película de suspenso.
El suspenso era tratar de adivinar por cuánto tiempo se mantendría la “normalidad”. Así entramos en un “círculo vicioso del no disfrute”, ya que mientras la crisis duraba no podíamos encontrar alegría, pero cuando había pasado tampoco la hallábamos temerosos de ver cuándo regresaría.. Pensar que eso no era mas que la aceituna del canapé del gran festín que luego se daría la enfermedad con todos nosotros.
De pronto, un día, llegó a la casa con una cortadora de césped!- en nuestra casa lo mas parecido a un jardín son las cuatro macetas mal regadas que disponemos, por pocas, sobre la mesada de la cocina!. Y no voy a olvidar en mi vida cuando, ya teniendo 15 años las chicas; apareció felicísima con 15 bolsones de pañales para bebés!... El llanto se intensificó con histeria nerviosa, pero necesitaba ser oído.- No podía entender que´extraño sortilegio acertaba dar justo al centro de las esperanzas a las que día a día intentábamos aferrarnos como a una última astilla en medio del mar.
Cuando empezó a tener reacciones violentas con las chicas y luego conmigo, fue que me decidí a consultar con los médicos; pero allí comenzó nuestra peregrinación, nuestro Dantesco proselitismo ( infierno-purgatorio... pero aún sin paraíso).
Se sucedieron las contestaciones desagradables sin interrupción; no hacía falta que mediara motivo para desencadenarlas, ni persona en especial que las provocara. Los vecinos comenzaron a ser depositarios de imprecaciones irrepetibles cuando menos se lo imaginaban, acarreando malos entendidos a diestra y siniestra (bien siniestro todo!). –
Sin duda la alteración psíquica se había desencadenado. Acerqué mi silla a la de ella, tratando de no hacer ruido. La tomé de la mano y me afané a lograr un intento de contacto utilizando los tonos mas suaves de mi voz. Giró su cabeza lentamente, me observó por espacio de segundos –que parecieron largos minutos de incertidumbre durante los que pensé infinidad de respuestas, buenas, malas, ninguna; en fin- ; y frunciendo la frente parecía querer dar al blanco en el pensamiento, para reconocer a quien le llamaba la atención; hasta que por fin hizo contacto y esbozando una especie de sonrisa, dijo, casi imperceptiblemente:-“hola, Doctor”.
Llegaron sus visitas; sus dos hijas y su marido; por lo que creí oportuno dejarlos “en familia”, ya que no es prometedor el panorama que les espera en este sentido...
Llegó la noche; túnel del tiempo de sueños imprecisos. El suave cantar de la lluvia, golpeando en forma rítmica el techo de chapas, invitaba al descanso reparador, y a alguna que otra reflexión involuntaria. El constante trato con este tipo de personajes las alienta; enfrentándonos, las mas de las veces, a nuestros propio defectos y virtudes. Todo en la clínica estaba en silencio y tranquilidad. Finalmente me venció el sueño
( ¿reparador?)
Un tenue sol acompañaba al amanecer coloreando los rincones en sepia - una foto antigua -, y el bullicio de la actividad que despertaba, marcaban el inicio de un nuevo día cargado de expectativas para todos mis pacientes; aunque sabía que para muchos de ellos el “nuevo día” era sólo “despertar”.
Pero traté de sacudir la congoja que este hecho me sigue produciendo recurriendo a la pureza del aire fresco del jardín. El cambio de temperatura me estremeció; aspiré una bocanada de aire al tiempo que me estiraba elongando brazos y piernas. Aún podía ver las gotitas de la lluvia sobre las hojas; que se doblaban con su peso; y hasta al mismo arco iris resistiéndose a partir. Aspiré nuevamente y un beso de olor a tierra mojada me señaló que hay mas cosas buenas que malas en la vida. El verde parecía mas verde...
Luego de haber desayunado, me dirigí al consultorio ( silente testigo de las entrevistas con los pacientes) a iniciar, una vez más, la dura batalla contra los gigantes de Cervantes.
Se presentó ante mí nuestra “regordeta” amiga, con la apariencia de haber tenido un buen dormir; cosa que me satisfizo sobremanera- esto ayuda mucho ( cuántas pequeñas cosas comienzan a ser de importancia conforme pasa el tiempo!...). Se la veía tranquila y esta vez, “presente”. Me saludó cordial y correctamente tras lo cual le practiqué un examen físico y me dispuse a completar la historia clínica.( tareas repetidas, pero distintas en cada caso).
Lúcida, ubicada temporo- espacialmente, comenzó a expresarse con un fino léxico que acreditaba a una persona rica intelectualmente. En esta oportunidad parecía tener la necesidad de hablar, y lo hizo así:-“ la paz, la armonía, el respeto, eran moneda corriente en mi familia, Doctor.- con esto parecía estar diciendo en voz alta algo que quizá había estado repitiéndose mentalmente durante toda la noche-y continuó: -“ aunque no lo crea, yo era muy linda!, delgada y muy inteligente. Pero a partir de los 25 años – se detuvo pensativa- no se qué pasó. “ “Una gran depresión me arrebató todo; lo peor es que no reconozco el motivo que la generó. Casi sin darme cuenta me encontré bautizada dentro de un universo sin color; nada me interesaba. Comencé a deambular por los profesionales de la salud que me “empastillaron”, para esto y para aquello, con éxito relativo ya que me arreglaban tibiamente por un lado mientras me convertían en esto que soy hoy...-se miró de arriba abajo señalándose con las palmas de las manos vueltas hacia arriba, como haciendo un escaneo de todo su ser. “Luego caí en una serie interminable de escenas y situaciones de celos con mi marido que hicieron que la convivencia fuera una misión imposible. Empecé a abandonarme, a desatender a mi familia y los quehaceres domésticos. “ Pero creo,- y volvió a quedar en silencio, entrecerró los ojos intentando divisar algo hacia adentro (o en el mejor de los casos a corroborarlo) y volvió a pronunciarse-, creo que lo que realmente me lastimó fue la necesidad incontrolable de ejercer la violencia física contra mis hijas y mi esposo, en especial y no poder evitarlo.”
Allí se quedó este día. Nuevamente se fue mentalmente haciendo que no pudiera continuar con su relato. Llamé a la enfermera para que la acompañe a donde quisiera ir. Con su relato corroboré definitivamente que me encontraba ante una “personalidad bipolar”. Retiré su historia clínica para verificar la sintomatología histórica que presentaba hasta la fecha y así acerté a completar “el cuadro”; qué ironía que se lo llame así.-
Pasaron los días y la aparente tranquilidad, que precedía a la tormenta, seguía su curso. Sentada ante la mesa de su habitación “devoraba” libros de historia y realizaba complejos problemas de física o matemática. No dormía sino hasta muy altas horas de la madrugada y por breves períodos; dando claras señales de insomnio. Todo indicaba que requeriría mayor dedicación. Intensifiqué las entrevistas; pues veía que era preciso seguir de cerca el desarrollo de su comportamiento; para saber en qué momento debería reforzar la medicación.
Se sucedían las jornadas y tras cada una mostraba un estado de molestia y tensión indiscutibles ante las preguntas que se le realizaban con mayor acritud en cada ocasión. La hiperquinesia y el rechazo al diálogo no facilitaban las cosas; pero cuando accedía al mismo, afloraban las ideas delirantes respecto de sus estudios y capacidades. Dice, con absoluta convicción-“ – ahora que completé mis estudios voy a recibirme de ingeniera y ya tengo pensados grandes proyectos; ya tengo los cálculos hechos; nada puede fallar; soy un genio!...”
Los miembros del equipo de salud mental dispusieron el aumento de las dosis de medicación con el objeto de hacer lo que solemos llamar “rescate medicamentoso”. Dicha maniobra revirtió los síntomas en un par de días, sin embargo, el episodio maníaco se desarrollaba ” detrás de bambalinas”. En unas cuantas jornadas se la pudo declarar“compensada”, por lo que se le concedió el alta sanatorial; con el compromiso de continuar el tratamiento farmacológico en domicilio pero sin descuidar la asistencia sistemática a los controles por consultorio externo.
Con evidente felicidad se retiró una vez mas junto a sus hijas; a quienes abrazaba con devoción, y su esposo; que tiene el aspecto de la persona abatida por tantos fracasos anteriores y que siente un marcado escepticismo acerca de la mejoría de su cónyuge.
Los acompañé hasta la puerta haciendo especial hincapié en que no descuidara los tiempos de las drogas - pues sé que de ellas depende su manutención o equilibrio por el momento- y el de su familia en última instancia.
Transcurrieron 6 meses desde ese momento. Todo indicaba el retorno a la “normalidad”. El estado de ánimo parecía el óptimo según lo que se dejaba profetizar luego de cada re-encuentro de control, y sus relaciones familiares y sociales aparentaban haberse mejorado.
Una noche –de esas muchas que no tienen nada de especial- me encontraba sosegado entre las sábanas; haciendo la guardia de siempre y en estado de semi vigilia (con el radar natural pendiente de “mis niños”, mis loquitos); cuando de repente me sobresalta el sonido del timbre que comienza a sonar insistentemente. Obviamente lo primero que hago es verificar la hora. Eran las 02:00 hs de la madrugada!. Qué había pasado!, por mas que hacía el esfuerzo, y barajé miles de opciones en los segundos que demoré en vestirme, no alcanzaba a presumir el motivo real de la perturbación.
Me dirigí a la puerta de la clínica con una mezcla de sensaciones a flor de piel -A pesar de los años nunca termino de acostumbrarme-, y ...menuda sorpresa me llevé (aunque intenté fingir afectación). Ante mí se desarrollaba una escena digna de la mas cruenta de las películas policiales.
Luces giratorias se cortaban en la penumbra de la noche cerrada que era. Un patrullero, montado en la vereda, mostraba sus puertas abiertas de par en par, y cuatro uniformados, se desvivían forcejeando en el intento por lograr desensillar a alguien que se encontraba en sus entrañas y gritaba desgarradoramente negándose a descender emitiendo voces guturales que parecían llegar desde un mas allá remoto y desconocido.
Cuando finalmente lo lograron, alcancé a divisar una figura regordeta y de baja estatura, que tomada de las esposas era arrastrada hacia el dintel del sanatorio no sin un gran esfuerzo.
Ya a la luz de la antesala pude distinguir su rostro. Sí, era ella. La paciente que hacía tan solo seis meses atras nos dejaba con una sonrisa de esperanza y fe.
La congoja que me invadió trajo consigo unas palabras que leí en algún libro ; a ellas me aferré probablemente como inmunización pasajera ante una situación que imperturbablemente seguiría ocurriendo mas allá de mis esfuerzos.
El oficial de policía a cargo del procedimiento,-notablemente agotado- manifestó: “-nos llamaron porque la señora estaba destrozando la casa y molestando a los vecinos”.-mientras reacomodaba su uniforme-.
Minutos después llegó el cónyuge con los efectos personales de la protagonista necesarios para una internación; ritual al que parecía estar ya habituado a juzgar por la rapidez de su arribo.
Inmediatamente ordené inyectar a la paciente con medicación específica (según protocolo) para los cuadros de hiperexitabilidad. Tres servidores públicos debieron sostenerla para la maniobra. Se la podía ver con el rostro desencajado y articulando insultos a diestra y siniestra; con ropas desordenadas y realizando movimientos bruscos y sin control que la asemejaban mas a una fiera herida que a una ser humano.-en cierta forma lo era-.
Luego de minutos (que parecieron horas) se logró la ansiada sedación. Así pude hacer retirar la custodia policial y las esposas; y en mi pensamiento corroboré que se hacía ostensible la segunda etapa de las manifestaciones de la dolencia: la violencia, que sin razón alguna y en forma espontánea había nacido abruptamente.
De esta manera, convertido en espectador del penoso proceso que seguía su trayectoria; insensiblemente a los sentimientos de todos; se me ocurrió la comparación con una torta de caja, de esas que solo hay que agregarle los huevos y una taza de leche, y que tienen fecha de vencimiento. En mas de una oportunidad creí que la torta saldría igual de bien aún pasada la fecha de vencimiento, y cada vez noté que sólo sale un pastel apelmazado, sencillamente porque está vencida. Con lo que nos resta acomodarnos y aceptar que si es una torta vencida su apariencia y resultado no serán los mismos que los de una torta ok!. Y la disfrutamos así o la tiramos. Con esta dolencia pasa lo mismo –salvando las distancias, desde luego, y sin tirar nada;ni a nadie -, se trata de un organismo que tiene algo vencido, de forma que los resultados que debemos esperar de ella deben tener relación con la aceptación de la situación ya conocida y cuales son los alcances que podremos pretender. O la aceptamos así o no vivimos.
Advierto lo valioso que es ser agraciado con la claridad, con la lucidez de la conciencia; de la asociación de ideas y del juicio; valores imprescindibles para ser de los de afuera, que sin embargo nadie repara como tales sino tan solo luego de carecer de ellos y cuando probablemente ya es tarde.
Consumamos las tortas de nuestra vida antes de sus vencimientos; que a todos nos llega...SEPAMOS DISFRUTARLAS SEA CUAL SEA SU SABOR.
MARCOSELA

domingo, 7 de septiembre de 2008

EL ZORRO PIERDE LOS PELOS...

Bien dicen que “ el zorro pierde los pelos pero no las mañas”, y en este pequeño mundo dentro del mundo que es la clínica, convergen un rico abanico de historias personales entre las que nos encontramos con un “zorro” que pierde los pelos aún; y es víctima de no haber perdido las mañas.
Verlo, invita a la remembranza de lo que en otros tiempos se denominaba “ser cajetilla “ o “ petitero”. Zapatos de esterilla blancos o mocasines, del mismo color, siempre limpios y brillantes; pantalón al tono con un impecable planchado que resalta un par de rayas perfectas; camisa de seda haciendo juego, y un pañuelo al cuello, colocado con exquisito gusto, al mejor estilo gardeliano (horas frente al espejo deliberando entre cual escoger; el de seda azul y verde o el de manchitas borravino y mostaza). Blazer azul de fina tela y una boina del mismo color que deja entrever una blanca y generosa cabellera; vestuarioadoptado en sus años mozos y que se constituyó en marca personal perpetuándose en el tiempo. (Hoy, resabios del que fuera el “picaflor” mas codiciado y admirado de mi ciudad).
Se lo podía ver siempre a las mismas horas en el sitio que fuera poco más o menos, su segundo hogar, el mítico “Bar Central”. Estratégicamente situado en Irigoyen y Humberto, esquina céntrica de la ciudadela, que supo sobrevivir los vaivenes del país y se constituyó en “ monumento regional” por mérito propio. Mantiene casi intacta su fachada y estructura; cuyos actuales dueños supieron remozar dándole un “tach” de modernismo sin alterar su clásico estilo; tanto como su fama.
El billar y el clásico “TAC” de sus bolas, el humo ocre de los cigarrillos de los parroquianos mezclándose con el inconfundible aroma de “¡¡¡ una de muzzarela”!!!; o el café Express con medialunas recién hechas, conciertan el corazón y esencia de este “santuario” de muchos, que como nuestro protagonista lo adoptaron como domicilio alternativo.
Los veranos convocan a rostros de distintas edades a sus mesas en la vereda que exhiben el vermouth de los mas añosos o la “birra” de los jóvenes. Las crocantes papas fritas, los maníes, la mortadela, el salchichón y salamines, cortados en dados casi perfectos completan esa particular escenografía. Los partidos de fútbol transmitidos desde la capital por cable, reúnen a fanáticos de ambos bandos en una “casi siempre cordial”tribuna que ruge al grito de gol en su interior, con frenesí y fervor de hincha.
La política, la economía, como tantos otros temas son solucionados en sus mesas y en su atmósfera comulgan los acordes de “ el viejo cafetín”, “el choclo”, “la cumparsita”, los boleros, los Rolling Stones, Bandana o Rodrigo.
Una verdadera caja de Pandora en la que tantos han encontrado la contención que estaban dispuestos a aceptar.
Allí, en ese casi epistolar predio(toda una postal), nuestro prototipo de Isidoro Cañones supo ir forjando su vida conforme a una filosofía que lejos estaba de “esposa e hijos”.
Elegante, de voz suave, con evidente riqueza mental y depurada locución, supo galantear a cuanta muchacha se cruzó en su camino; no solo con esa presencia cuidadosamente concebida, sino con todo un arsenal de múltiples recursos pergeñados a tal fin; como anécdotas por miles, historias de amor y de trampa...; no faltando los éxitos deportivos, desde luego! Los partidos de tenis solían ser la excusa perfecta para lucirse con pocas prendas pero “legalmente,” y auto- halagarse al escuchar los suspiros del público femenino.
A propósito de ello, buceando en la profundidad de su exquisita memoria, aflora una sensibilidad pocas veces revelada por su condición de “caballero de los de antes”. En cierta ocasión me narró que en las postrimerías de su tercer década, su machismo se postró ante la belleza y encanto de “una mujer”, a la que describió con entusiasmo y nostalgia, como una ninfa de larga cabellera rubia y ojos hechizantemente verdes, generoso busto y cintura espléndidamente ceñida que dibujaba a una típica “Divito”, pero...fruto prohibido ( era la esposa de su compañero de juego en los partidos de tenis); que le provocaba largas noches de insomnio y sueños inconfesables”;
Luego de estas contiendas deportivas, solían concurrir a la casa del partenaire en cuestión, a paladear el guiso, puchero o asado, que preparaba “su” deidad, en nombre del festejo del éxito deportivo. Desde luego el disfrute era doble (el culinario y el sentimental), al poder gozar de esa presencia. Pero... un dilema se contraponía a los rígidos principios éticos y morales de la época ( y de siempre, si vamos al caso). Sin embargo su corazón lo traicionaba y así, un día que“su amigo” regresaría tarde a su hogar por razones laborales; nuestro personaje encontró la grieta exacta y se apersonó igualmente a la vivienda de aquel, sin flores ni dulces, mas, con sus mejores galas, en un intento de “cita” no acordada, pero con la certeza de que un “tet a tet” daría resultados conforme a las expectativas largamente acariciadas en su imaginación.
La respuesta fue altamente positiva, y el tiempo junto a su amada pasó tan rápidamente que su retirada le dejó el sabor a lo inconcluso.
Las horas habían “volado”y sin darse cuenta el tiempo del regreso de “ El guardián” había llegado. Pasos, amenazantes del recogimiento en el que se encontraban, se dejaron oír, y un helado rayo de alerta los sacudió en su interior. Urgía una honrosa, y, sobre todo veloz, retirada. Se levantó de un brinco del lecho y tras dejarle sellado los labios con un furtivo beso de despedida al fruto de sus desvelos; tomó sus prendas y con ellas aún en las manos, corrió vertiginosamente hacia los fondos del jardín. El corazón parecía salírsele del pecho y haciendo gala de su excelente estado físico, practicó un ágil y elegante salto para trasponer el cerco; maniobra que fue atentamente observada por la vecina...
En tiempo record cubrió la distancia de 800 metros hasta su casa; y solo alcanzó sosiego al trasponer el umbral de su morada en donde volvió a sentir el placer de la seguridad que le ofrecía estar en cancha propia. Ahora que todo había salido considerablemente dentro de los parámetros aceptables de riesgo, pensaba, se daría una ducha “reparadora de su pulcra presencia” ( que a esas alturas distaba mucho del “perfil” habitual que lo caracterizaba),y se sentaría en su sillón favorito a disfrutar del recuerdo de lo vivido mientras se saborearía un merecido wisky.
Sin embargo, pocos minutos después, el estridente sonido de un furibundo timbre lo descolgaba violentamente de las meditaciones que lo ocupaban. En medio del desconcierto sólo atinó a vestirse (pues aún no lo había hecho), y con cierta aprensión se armó de valor y se dirigió hacia la puerta. Tras ella se hallaba el despechado esposo, blandiendo un arma en su mano, y luciendo un desencajado rostro fruto de la furia que lo embargaba. Parecía dispuesto a lavar su honor con sangre. Se puso a gritarle mil amenazas y el relato de la retirada brindado por una vecina chismosa (y tal vez despechada también por no haber sido ella la merecedora de sus halagos, a manera de venganza) que lo condenaba irremediablemente. Ante tales circunstancias sólo restaba “negar todo”; y así lo hizo, y con tanta certidumbre que el amigo terminó por dudar “a medias”, de tal forma que finalizó diciendo: “-de acuerdo; no pasó nada ...pero no hay mas guiso, ni puchero o asado en mi casa”.
Aún hoy se pregunta qué fue lo que mas lo perturbó; que se resumiría en :-“no poder disfrutar mas de los manjares ofrecidos por la dama”,...se referiría a los guisos?
También hubo disputas, casi de malevo por la pasión volcada en un partido de truco, dados o billar...o en el coqueteo seductor por alguna damicela que lo ponían en el papel del héroe de la película (casi el sueño del pibe...).
La picardía siempre delicada y respetuosa; junto a un ramillete de poemas cortos llenos de filosofía popular, lo transformaron en la estampa varonil que tiene la palabra justa para cada ocasión; lo que le daba un aire de “ganador”. Creyó que el tiempo se mantendría inmutable para él, mas, lo sumió en su propia trampa de la que ya no tiene sentido salir.
Pasaron los días, meses y años y con ellos el inexorable andar de las agujas del reloj (siempre hacia delante) fue dejando su huella, imprimiendo el ocaso de una vida vivida a “su manera”.
Se emplazó en la clínica por sugerencia de su única hermana; más como mudándose a un “petit hotel” que a un establecimiento con connotaciones de geriátrico; acompañado una vez mas de su taco de billar (dos piezas), cuidadosamente guardado en una funda de cuero negra con sus iniciales grabadas en dorado.
Algunas de las “ilustres”ciudadanas Puntaltenses recuerdan aquella firme estampa arrancando suspiros a su paso y provocando la aceleración del latir cardíaco por la sola articulación de algún piropo salido de sus gruesos y sensuales labios; siempre listos para tal fin.
Nuestro Play Boy hacía gala de encontrase siempre rodeado de curvilíneas jóvenes que sentían glorificarse con sólo haber estado ante su presencia; aunque él jamás se enterara. Extraño y natural imán las atraía a este estereotipo de Isidoro Cañones.
Su selecta apariencia se está derrumbando mansamente; como a los edificios añosos a los que se les va cayendo el revoque si no cuentan con ”un dueño” que los cuide...; mas el viejo zorro, aunque carcomido por el paso del tiempo, no pierde oportunidad para dedicar alguno de sus piropos extraídos del baúl de los recuerdos;( “ ninfa de caderas eróticas, que caminas cuan gacela, déjame amarte hasta que me muera”), cuando alguna dama concurre en el horario de las visitas a fin de acompañar a sus familiares internados.
He visto a señoras y señoritas con un extraño brillo en los ojos; y alguna que otra con sus mejillas sonrojadas, ante el placer de ser lisonjeadas con un piropo y reconfortadas en su ego coqueteril.
- “ qué magnífico ejemplar de hombre”! – escuché alguna vez a una tía cuarentona en referencia a nuestro galán, sin ánimo de ocultar su tono de admiración
-“qué dulce!!-,suspiró una jovencita enamorada que notablemente aún desconoce de las bondades de la galantería.
-“qué viejo verde”-,dijo una sesentona mientras reacomodaba sin éxito visible su cabello y retocaba su maquillaje en forma sutil pero inútil ya.
Las enfermeras lo instaron sutilmente, a que se dejara una barba tipo candado, a lo que pameándose el rostro manifestó:”- un caballero debe estar siempre bien afeitado y con las mejillas suaves y dispuestas para sentir el calor de los labios de una dama”; luego de lo cual agregó – “yo soy de la guardia vieja!”.
Trovador de mil luces, navegaste por la vida entre alegrías y tristezas, hoy vagas en silencio por el pasillo del sanatorio compenetrado en tus pensamientos, como en una charla interior en la que oscila entre el revivir mentalmente aquellas épocas- que te arrancan una sonrisa cómplice-, y el preguntarse en qué punto debías detenerte para avocarte a forjar una familia.?
Hoy te vi llorar amargas lágrimas de pesadumbre por lo que pudo ser y no fue; por lo que pudo dejar de ser y fue..
La soledad te envuelve en lo negro del ostracismo y del olvido. Galán y seductor, queda en nosotros mantener vivo tu espíritu en la tierra, como quedó ya grabado tu paso en cada baldosa de las veredas de nuestra ciudad.
MARCOSELA






























































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